BCCPAM000591-3-12000000000000

tan gloriosa Reina. Detengamonos en él, seiiores, y fije- mos nuestra atencion; la muerte de Maria es un triunfo sobre-la misma muerte; hé aqui el objeto de este discur- so, para cuyo desarrollo postrémonos primero ante el tro- no de la Divinidad, y pidamos los auxilios de aquel espi- ritu consolador que bajé6 con toda su plenitud sobre su casta Esposa, al poco que el arcdngel la dijo «Dios te Sal- ve, Maria, llena, etc.» _ Sorprende por cierto lo que el Omnipotente hizo con Maria, y es tan dificil explicarlo y comprenderlo, que la misma favorecida, siendo la winica entre las criaturas que pudiese entender estas obras divinas, no supo decir de ellas, en encomio de la Divinidad, mas que estas pala- bras: «Me ha hecho grandes cosas el que es poderoso.» Quia fecit mihi magna qui potens est. Desde luégo, al darse Dios 4 la humanidad en la encarnacion del Verbo divino, recibiera ésta un don el mds soberano que puede imaginarse. Dios se da & los hombres ; pero es preciso hacer una distincion : es preciso poner en dos balanzas a toda la humanidad , de modo que Maria ocupe la una y los demas hijos de Adan la otra. jAh! La grandeza del beneficio de la Encarnacion ha ocupado la atencion de diez y nueve siglos, y atin no hemos podido comprender en su totalidad este favor, ni han sido suficientes los canticos de miles de generaciones para elogiar justa- mente la misericordia divina. Quédase siempre la huma- nidad envuelta en una santa oscuridad, y al querer con- cluir el himno en honor del Dios humanado, la lengua es balbuciente, y sus acentos quedan en suspension, vién- dose precisada 4 alabar de nuevo al que por ser infinito * no puede ser justamente pagado de tanto amor como tuviera al mundo sino con acciones de gracias infinitas. 2, és ae 1 4

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz