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no se elevan al cielo aquellos ojos divinos sin que bro- ten de ellos dos torrentes de lagrimas, 4 cuya sola vista lloraba toda la naturaleza. j;Ay! jLlorad, llorad, triste Madre! ;Quizas desahogandose ese pecho nobilisimo del terrible dolor que le oprime, os acordeis que teneis atin un corazon que muy pronto ser4 colmado de gloria y felicidad ‘al ver 4 tu Hijo amado mas esplendente que mil soles y mds candido que el niveo cendal, despues de salir victorioso de entre las sombras de la muerte! Hé aqui, amados mios, cémo la mas feliz de las mu- jeres se convirtid en la mas desventurada de las madres al ver 4 su Hijo divino en la region de la muerte. No . vivia Maria sino por Jesus; era Este su felicidad omni- moda; era Este su gloria; no viviendo, pues, el Hijo, gpodria vivir la Madre? Vivid, si; pero fué por un por- tento del cielo; porque es concebible que respire la ma— dre hasta cuando esté su hijo entre la agonia y tormen= tos, que viva aun cuando aquél haya entregado su espi- ritu; j;mas estando éste en el sepulcro! ; Ah! Maria no podia vivir sino por milagro, porque no tenia el corazon entre los limites dela vida, sino en la region de la muer- te. Subversum est cor meum in memetipsa. © Al concluir una materia tan ligubre, permitidme que os pregunte si acompaiiais 4 Maria en su amarga sole- dad; porque yo advierto en la sepultura del Sefior dos grandes acontecimientos, que exprimen por una parte: ladureza y por otra el amor; muere Jesus, y llora el cielo, escondiendo su luz; llora la tierra, dando fuertes sacu- didas; llora la muerte, restituyendo a la vida las victi- mas que guardaba; lloran las piedras, pues se hienden, y; por fin, loran los angeles, pues suspenden sus melo- dias : hé aqui llorosa la misma naturaleza insensible; hé aqui llorosos tambien aquellos espiritus 4 quienes no les ~ late un corazon de hijos; fy entre tanto, hay una porcion de hombres que se alegran en la muerte de Jesus, sin eT ee re

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