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objeto que ama; pues, como dijera el Salvador, donde esta el tesoro, alli esta tambien el corazon humano. Si, el corazon humano toma el principio desu vida moral de los bellos ideales que él se forma, y en ellos se nutre y descansa como en su propio centro. Mira el avaro los tesoros, y cree que son ellos el gérmen de la felicidad, el sosten de los placeres , el mévil de todas sus acciones, y Vive su corazon en medio del oro y de Ja plata, pues que encuentra en estos objetos la realidad de sus ideas. El ambicioso cree que en las dignidades y grandezas es ‘donde se recibe el incienso de la lisonja, donde brilla el talento, aunque no exista éste en’el dignatario, y vive su corazon en medio de las dignidades, pues que alli tam- bien halla realizadas sus ideas; igual es la suerte del ‘volup tuoso; igual la del sébio: vive su corazon en los objetos que ama, aquél en el fango, éste en el cielo. Udi est thesauros, etc. Con la misma proporcion cesa esta vida en mngente corazon; cuando nos falta el objeto en que reposan nues- tras sim patias , desfallecemos cual planta herida por los rayos del sol, y nos revestimos de todas las afecciones contrarias 4 las que antes nos animaban; sin esta vida moral, gc6mo podriamos atinar con la causa de ese he- roismo que han desplegado alguna vez los hombres apa- sionados , heroismo que los condujera hasta el extremo de perder la vida por sus amigos? 4Cémo explicariamos el goce y la tristeza que nos eleva 6 nos abate, segun ve- mos 4 nuestros amigos en la dicha 6 en la desventura? jAh! no es posible examinar las acciones del hombre sin comprender al momento que la vida animal es lo que ménos importa en él, pues sdlo la moral es lo que cons- tituye en la terilederh region de la felicidad 6 de la des- ventura, lo que exprime la espiritualidad de su sér, lo que lo distingue por fin esencialmente de los animales irracionales , incapaces de pensar ni de elegir. ;
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