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Subversum est cor meum in memetipsa quo- niam amaritudine plena sum. Ha sido trastornado mi corazon dentro de mi ‘misma, porque llena estoy de amarguras. ae (Lamentat. JeneMia®, cap. 1, vers. 20.) ‘ jGonque nada hay estable en la tierra! ;Conque nadie ha sido morador de este mundo que no haya tenido que doblar su frente ante la mutabilidad y volubilidad que do- mina 4 todo sér visible! No; nadie ha respirado el ai comun sin haber sentido la triste influencia de un genio maléfico, que todo lo trastorna y lo consume; toda cria- tura visible tiene un enemigo formidable que la tiende lazos, que la prepara emboscadas, y que, cual gotera insig- nificante , pero continua, va minando los cimientos en que estriba el edificio de la vida, hasta ponerlo en dispo- sicion de desplomarse; este enemigo nuestro es el tiempo; el tiempo, que 4 todo seatreve; el tiempo, que acomete la ardua empresa de destruir lo mas s6lido é imperecedero, y lo consigue. El disipa la inocencia de la nifiez con la travesura de la puericia; él destruye las locuras dela mocedad con la sensatez de la edad viril; él postra el vigor de la madurez con la llegada de las arrugas y de la canicie; él, por fin, aniquila los tristes consuelos de la ancianidad llevdndola al sepulero. jAh! gQuién podra_
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