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4 toda clase de trabajos por amor de Dios, y 4 toda espe- cie de sacrificios por amor de nuestros hermanos. Y cier- tamente, sefiores; cuando el amor de Dios ha echado hondas raices en nuestro corazon, jqué impulso tan gene- roso no recibe éste! ;De qué acciones tan herdicas no es capaz! Aunque todas las criaturas se amotinen contra El, las reputa 4 todas por enemigos débiles, y armado con el escudo divino, las dice 4 todas con David: «Dios es mi luz y mi salud; g4 quién temeré? El Sefior es mi He tector; 4de quién temblaré?» Este amor sobrenatural de Maria, unido al natural que profesa a su Hijo, la han conducido al pié dela Cruz. {Qué la importa el odio que la tendra el erguido escriba y los insultos que la prodigue el hipécrita fariseo! ; Qué los sarcasmos del sayon grosero y los dicterios del sol- — dado rudo! Una sola idea prevalece en el corazon de Ma- ria, y es la de acompafar 4 su Hijo en sus ultimos mo- mentos, para darle algun alivio en su dolor. El golpe que pudiera descargar sobre ella la cuchilla del verdugo, no haria mas que cortar de una vez ese tejido de tormentos en que:se halla enredada su alma. Si Maria no es martir en el cuerpo, diré con el devoto San Ildefonso, fué por- que el verdugo no se atrevid 4 esgrimir contra su per- sona la espada cruel y sanguinaria. Pero, por otra parte, tuvo el martirio mas cruel que puede sufrir una Madre; bien podra tener en su corazon los deseos mas eficaces esta Madre generosa, que el.cielo no se los permite reali- zar. Muere Jesus, y muere sin que Maria pueda demos- trarle practicamente todos los oficios de su sensibilidad maternal. Contemplad este espectaculo, amados mios; despues de crucificado el Salvador, es elevado en la Cruz y colo- cado sobre la cima del Calvario; extiende enténces su vista por todas partes, y no ve sino enemigos encarniza- dos, pues los pocos discipulos y conocidos que tiene se
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