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a 158 Madre, y ya ve ésta sus manos y piés que han de ser horadados con el duro hierro; mira los blondos rizos que adornan Ja divina frente del Nifio, y los contempla teflidos de sangre aquéllos, y Ghcdrecida por las agonias esta; contemplaba aquellos ojos divinos, aquella boce dulcisima, aquel pecho depositario de la Divinidad , y ya los examinaba en la escena del Calvario, cual livido, cual c4rdeno, cual hundido y cual herido; pero entre tanto Maria goza de los castisimos ésculos de su Nifio, lo ve crecer en gracia y hermosura, y el amor que une es- to#dos corazones va tomando nuevos incrementos, aun- que parecia ser infinito. Preveia Maria todo cuanto tenia que padecer, mas eran sus temores como esas nubes que — tienen al viajero en pavorosa expectativa , por estar car- gadas de rayos y granizo, amenazando sin acabar de estallar. ‘ Mas jay! llegé el momento en que toda la ira del cielo cargaba sobre Jesus; los hombres se apoderan violenta- mente del Justo; se reunen los principes contra el Un- gido, y caen sobre El todos los anatemas de la ley. Cuando el amor y ternura de Marfa para con Jesus ha llegado 4 SU apogeo, ora porque es su Hijo, ora porque es su Dios, ora por haber conversado con Fl tréinta y tres aiios, el huracan de la persecucion viene 4 destruir en un mo- mento su dicha y sus esperanzas. En tan triste situacion, aqué inspiraciones sugerira & Maria su tierno corazon? iQué partido tomar4? Claro esta, amados mios, que sera el de mostrar 4 su Hijo lo mucho que lo ama, tomando parte en sus tormentos, y haciendo que caigan los dolo- res sobre su propio corazon, we que sé alivie en lo posi- ble el de su Hijo. ° Contemplad, amados mios, 4 la tierna Madre; al ser heridos sus oidos con WEbronte clamoreo del pueblo amo- tinado, siente en el santuario de su corazon resonar la voz . de la ternura, voz que la anuncia una catastrofe inmi-

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