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156 : visita el corazon de la Reina que ve 4 su principe recli- nado en cuna de oro, que 4 la humilde zagala que guar- da 4 su nifio en choza pastoril , pues tanta es la dicha de la primera en ser madre de un Rey, como la dela segun- da en serlo de un pastor; ni es posible que violentemos los conatos de la naturaleza. Pero, sefiores, si de madre ' & madre no hay diferencia, por amar todas a sus hijos y no poder fijar su amor maternal en los que no han reci- bido de ellas el sér, grande es 6 infinita la que hay entre ser madre de un hombre y serlo-de un Dios. Si entre las madres es mayor el amor que se tiene al hijo unico, si es mas intenso el que se profesa al hijo recibido inespe- radamente y por medio portentoso, gcuanto mayor sera el amor hacia un hijo que debe su orfgen al cielo, cuya naturaleza es divina, y cuyas prerogativas no tienen semejanza con ninguna crialtura? Hénos aqui ya contem- plando de lleno el amor de Maria para con su amable Jesus; preciso es saber cuanto lo ama, para que com- prendamos cuanto padece; porque tanto es el dolor en los padecimientos del amado, cuanto es el amor que lo une con su amante. — Cuanto sea el amor de Maria para con Jesus, es un punto 4 cuya solucion no podemos llegar. Si al conside- rar que es madre preguntamos a todas las que ha habi- do cuanto es el amor que tienen 4 sus hijos, nos diran que es el mayor que hay en la tierra; pero no es posible pesar el amor de Maria, porque no es Ella madre de un hombre , sino de Dios; ni nos es dado caleular lo que su corazon sentiria al ser madre, porque produjo en Maria tal éxtasis de gozo el ser virgen incorrupta, que quizds no did lugar poraquel momento a la alegria purisima éinex- plicable de ser Madre de un Dios. Si intentamos buscar su amor 4 Jesus en los dotes que adornan el cuerpo y alma de su Hijo, era preciso preguntarlo 4 los angeles , y nos dirian que ni aun ellos lo saben con perfeccion, porque

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