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BE ™ ‘turaleza. Entre cuantog séres componen el mundo visible, no hay dos que tengan tantos motivos para amarse como la madre y el hijo; desde que aquélla empieza 4 serlo, se forman entre ella y el fruto de su vientre relaciones de amor tan intimas, que no puede romperlas ni la mis- ma muerte; por nueve meses continuos el hijo no parece _ ser un sér distinto de la madre, ni ésta vive para si sola, sino para su hijo, ni tiene otro anhelo que el de llegar » - al dia feliz en que pueda sin peligro entregarse a todos los éxtasis de una alegria que justamente inspira la na- turaleza y consagra la razon. Cuando del claustro mater- no pase el hijo 4 los brazos de la madre, cuando lo sus- penda & su seno, cuando pueda sellar ésta las rosadas mejillas con sus labios, sus deseos estaran cumplidos, su alegria serd completa, el amor hacia el hijo llegara 4 ~ su colmo, No recibe aqui, sin embargo, todo su comple- mento el amor de la madre y del hijo; porque miéntras ~ éste se halla en la edad infantil, ni sabe que es amado, ni conoce hasta qué punto ha de llegar su gratitud para con la autora de sus dias; es enténces en el hijo un amor casi material é instintivo el que lo lleva junto 4 su ma- dre, y hace que suspenda alguna vez sus tiernas manos hacia aquel seno que le did vida. Sube, pues, 4 su debido apogeo el amor del hijo y el de la madre cuando la ra- zon se desarrolla, y se afiade la idea de la gratitud 4la idea del amor que inspira la procedencia natural. Entén- ces si, enténces se identifican dos corazones; enténces la alegria y el placer son comunes 4 la madre y al hijo, 6 igualmente los aflige y entristece el dolor, pues el amor inspirado por la naturaleza y la razon es tanto mis fuerte que el que proviene del sdlo instinto, cuanto excede lo moral & lo fisico,. y lo racional y espiritual 4 lo que es , puramente instintivo y material. Estoy hablando, amados mios, del amor maternal sin ninguna excepcion, porque la naluraleza igualmente

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