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Jo adoren, 6 bien al lado wife entre la muchedumbre de ~ pueblo, siendo aclamado feliz él vientre que lo llevé y di- choso el seno que lo amamanté; otro dia podreis verla ae subiendo al cielo sostenida por eaplanidentes nubes , co- ene ronada de gloria y de majestad; pero hoy no podemos _contemplar sino sus lagrimas y su dolor. Fijemos, pues, nuestras miradas en la tierna Madre que se halla al pié de la Cruz; miremos aquella nobilisi- ma frente que, semejante al firmamento, no pierde su se- renidad aunque crucen en todas direcciones nubes oscu- ras y rafagas violentas del Aquilon. Ya que ella misma nos suplica que la acompafiemos en su angustia, suba- mos al monte de la mirra, y examinemos de cerca la causa de su dolor. Se encuentra Maria junto 4 la Cruz del Hijo. gQuién la ha Nevado al teatro de sangre donde se halla? La impiedad de los sayones. 4Ha llegado acaso hasta el extremo de apoderarse de la Madre para ator- mentarla como al Hijo? gEl Hijo mismo ha suplicado a su Madre que no lo abandone? ; Ah, no! Maria ha salido al escenario del dolor por su propia voluntad ; suamor y su ternura son los que la tienen junto 4 su Hijo, para ‘. morir con £1 si necesario fuere. Vamos, pues, 4 tomar _._- parte en el dolor de Maria, considerandola como 4 tierna Madre que se fija al pié de la Cruz para aliviar con su presencia los tormentos de su Hijo. ; Angeles santos! ya que el dolor ha anudado nuestras lenguas, venid vosotros, y con, vuestras arpas de oro modulad un himno de amor 4 nuestra Reina, para con- solarla en su dolor, miéntras que con balbucientes acen- tos nos arrojamos todos 4 sus plantas, y la saludamos llena de gracia y de amargura. Stabat Mater dolorosa. ‘ Es el amor un fuego que igualmente inflama el co- razon del amante y el del amado; pero es necesario que
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