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HE aqui, amados inion; fa idea que ha eal bsmi eegistto. al contemplar la suerte desgraciada de esa Ma- dre que esta presenciando la muerte de su inocente Hijo. Por cualquier lado que.consideremos 4 Maria , nos obliga 4 exclamar y decir: qué crimen tiene esa madre para ser tan desgraciada? Aun dada la sacrilega hipétesis de que fuesen veridicos los crimenes que & Jesus imputara un pueblo ébrio de furor, ,qué culpa tiene Maria para estar al lado del patibulo expiando excesos que no son suyos? j Qué! gDios no vela sobre los destinos humanos? ; Qué! 4No acaricia 4los buenos como 4 hijos queridos ? gNo abru- ma 4 los pecadores como 4 hombres protervos y rebeldes? Pues siendo Maria su hija, por quéla castiga con dolo- res? Siendo tan pura y santa, por qué no apacigua con su palabra la cruel tempestad que se ha desencadenado contra ella? Pero, ;joh amados mios! es este el lenguaje de una razon que no tiene esperanza ni fé; la que esta — vivificada con estas dos virtudes, ve en los dolores de Ma- ria el cumplimiento de los designios del cielo, los decre- tos de la Providencia divina, la economia de la Provi- dencia, en el modo admirable con que realza el mérito del hombre justo, no mostrandole al presente mas que penas y dolores, y ensefiandole, tras de denso velo, el risueiio horizonte de la gloria, 4 donde no entrar sin haber pri- - mero andado entre las asperezas y rigores de la vida. 4 Quereis en este momento elevar las miradas de vuestra fé hasta una region desconocida del sentido? Pues mirad al Calvario, y vereis un espectaculo-sublime y consolato- rio para el desgraciado. Dios presenta 4 Maria la copa de- la amargura, y Maria la acepta, la aplica 4 sus labios, y apura hasta las heces ; gy qué hay en esto de celestial? El cumplimiento del objeto de la predestinacion de Ma- ria. Ved aqui el cuadro que mi trémula mano va 4 deli- near, para que aprendamos en él cual es nuestra suerte en la tierra si queremos entrar en el cielo.
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