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que los insintie, ni rostro en que los pinte. Si algun ali- vio pudiese caberla en esta inmensa desventura, seria el tener siempre estrechado en su seno al Hijo adorado; los abrazos tiernos, los ésculos carifiosos, las lagrimas Se ramadas sobre el cadaver, serian un balsamo que cura- sen las heridas de su corazon amoroso. Pero urge la lle- gada de la gran solemnidad; urgen las pavorosas tinie- blas de la noche‘que se acerca ; urgen los discipulos, y como el atleta asaeteado por todos flancos , Maria tiene que ceder 4 la necesidad de desprenderse para siempre de su objeto amado. Maria queda sin su Jesus. Un profundo suspiro salié enténces de aquel corazon enamorado. «jAy! dijo la madre consternada. Mi corazon ha dado un vuelco dentro de mi pecho.» Su bversum est cor meum in mémetipsa. Este aye retumba en el céncavo cie- lo; este aye repiten los collados de Sion; este aye llega hasta los sauces que embellecen las risueiias riberas del — Cedron, lo repiten tambien las 4ridas brefias del Gédlgota, resuena entre los lébregos sepulcros,y toda la naturaleza secunda los tristes gemidos de su Reina enlutada; escol- tan 4 esta herdica criatura muchos miles de angeles; su presencia sélo le sirve para recordarla que ha sido la mas feliz de las mujeres, y ahora es la mas desventurada; la rodean los oficiosos discipulos, y cada uno es un verdugo para su corazon. «Dejadme, pues, les dice ; dejadme sola con los restos de mi amado Jesus; he perdido 4 mi Hijo, a mi Dios, 4 mi Padre, 4 mi Esposo, 4 mi Amante; se me ha ido el que me consolaba; ya no oiré su voz encanta- © dora, ni podré postrarme 4 sus piés, ni veré aquellos ojos divinos, ni podré sellar sus manos con ésculo amo= roso, ni tendré 4 mi Jado al que me alimentaba con sola su presencia: Recedite a me. ,Qué palabras. seran como las suyas? 4Qué lengua contestara 4 mis razones amoro- sas? ,Qué corazon podré hallar digno de mi amor? De- jadme desahogar mi pecho; lloraré sin cesar; serin mis
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