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ey 366 4 lo pasado y domina 4 lo presente; si os digo todo esto no sera, en verdad, ensalzar 4 los ultimos, ni deprimir 4 los primeros; pues no es mas digno de alabanza el mag- —nifico vaso que destin4ra el alfarero para la casa del principe, que aquel que no tuviera adorno alguno por no deberse servir de él sino el humilde zagal; el acto reflejo con que el espiritu advierte la conformidad que existe entre la razon y el dogma, es propio de todo hombre que tiene la fé, y no hay otra diferencia, en cuanto 4 su exis- tencia en unos y su no existencia en otros, mas que la que vemos entre la rosa desarrollada y la que atin esta encerrada en el pimpollo, la cual se abrira tan pronto como sea caldeada con la accion vivificante del sol. Si, seiiores; todos tenemos 6 tendremos esta fé ilustrada, esta fé que raciocina, sea ahora, sea despues, pues la su- mision de nuestro espiritu 4 la autoridad divina es un obsequio racional, como afirma el divino Pablo, y se ha de cumplir irremisiblemente en todos y en cada uno de los que creen. Sejiores, voy 4 poner un paralelo de esta verdad para. vuestra completa inteligencia, descubriendo la infalibili- dad de un hecho que esta reservado para el porvenir de los tiempos, tanto por la fé pasiva, como por la activa, tanto por la {6 que cree, como por la que cree y racioci- na. Este hecho es la resurreccion de los cuerpos; la fé dice: «Creo en la resurreccion de la carne!» Y basta que la Iglesia proponga este articulo del simbolo, para que el fiel humille su cerviz. Si pregunta el incrédulo 4 un hom- bre del pueblo los fundamentos de este articulo, no podra este exhibirle otro que el de la voz de la Iglesia; pero haced esta demanda4 la misma Iglesia; hagamosla 4 los que estan encargados de enseiiar, instruir y confirmar 4 los débiles, y de atacar y confundir 4 los contumaces, y vereis desarrollarse una razon eminente y sublime, ante ja cual huiran todas las cavilaciones y sofismas, como sé tie

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