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% Nie a 361 _. damente establecida, tienen el déficit de concluir en el ‘sepulcro. Mas dejada 4 un lado la caducidad, gqué dicha acarrean al hombre los honores y el poder? Hemos visto 4 algunos que de la oscuridad se han levantado, y han — - desaparecido despues de despedir un corto brillo, como esos cuerpos aerostaticos que desaparecen en la misma region que los diera el sér: otros hemos visto que se ele- varan como las nubes formadas en los vértices de los voleanes , que sucesivamente se robustecen y cubren el horizonte, y entre horrendos torbellinos fulminan ra- yos, y por do quiera siembran el terror: otros hemos visto que, como esos cometas de gran cauda, se han querido sentar junto 4 regiones estrelladas, infundien- do espanto en los pueblos; pero. todos estos hombres, atuvieron un solo dia su corazon tranquilo? El oro que adornaba su cabeza, gno reposaba sobre una frente tan turbada como el mar agitado por el huracan? Y para comprobarlo, gsera necesario que tomemos en nuestras manos los anales del mundo, y os refiramos la des- graciada vida de aquél que ‘destruyera el imperio de Babilonia, de Ninive, de Siria, de Tiro y la Palestina, llevando en su carro triunfal los cetros de los Teglapala- sares, de los Nabucos y de los GCiros? gY os referiré los continuos desasosiegos de aquél cuyo lema era llegar, ver y vencer, y con sdlo presentar sus legiones destru- yera todas las monarquias de Oriente y Occidente, y fuera sefior. de casi todo el mundo conocido? Pero gpor qué revolver los empolvados pergaminos del mundo an- tiguo, cuando 4 nuestra vista se ha representado una es- cena que nos ha demostrado que el hombre mas infeliz es el que mas suspira por los honores y el poder? ; Ah! Recorred, amados mios, lo que pasaba en el seno de vuestra patria treinta afios ha; en aquella gran época, ninguno de vuestros padres bajéra al sepulcro sin mil lauros; despues de ella, ningun hijo de la Iberia puede ns

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