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centro animales sin niimero, tesoros riquisimos; pero e} mar.tiene limites, y tu corazon no; recorre Ja tierra, pro- fundizala, registra sus preciosos metales, sus diamantes y rubies; pero la tierra tiene una érbita muy corta; tu corazon no se satisface en ese pequefio espacio cuando hay otro inmensurable; todo esto es tuyo, sin embargo; todo lo he criado para ti, mas ese corazon que te he dado lo he criado para mi. En vano poseeras los cetros, los im- ’ perios, las riquezas y los honores; si no me das tu cora- zon,siempre tendras hambre y sed,y jamas se cumpliran tus deseos: Pili, prebe mihi cor tuum. Asi como crié la inmensa latitud de los mares para recibir en su seno las aguas, asi crié esa inmensa latitud de los cielos, donde millares de estrellas giran con é6rden y simetria, para re- cibir tu corazon. Sdlo cuando yo te inunde alli en el tor- rente de mis delicias te verds refrigerado; sdlo cuando yo te llene dejaras de estar vacio ; sdlo cuando yo te ali- mente dejaras de padecer hambre: Vili, prebe mihi cor tuum.» Tal es, amados mios, la naturaleza de nuestra al- ma; encerrada en el cuerpo, busca en 61 la tierra el bien por que suspira, y no halldndolo, sale de los objetos vi- sibles, y enlas alas de Ja inteligencia rapidos vuelos da hasta el cielo, donde habita el objeto que ama, de quien tiene la idea y semejanza. ; Ah! Todo lo que no sea Dios, es cosa bien pequeiia para llenar los deseos de un sér es- piritual 6 inmortal. Quitando, pues , el incrédulo al alma la esperanza de la inmortalidad , haciéndola tan perecedera y corruptible como la materia , gqué podra darle para que quede satis- fecha? Sé feliz, alma mia, le dice; pero ¢qué objeto le pre- senta que la haga dichosa? gLos placeres de la carne? jDesgraciado! Pronto le sucedera como al jéven prédigo que, hambriento de placeres, deseaba saciarse como los animales inmundos que custodiaha, y nadie se los propor- cionaba; se internara en todas las abominaciones; se
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