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nantes y mandatarios no bastan para gobernar 4 un hom- - bre solo! Con razon bramaré tanto la filosofia inerédula contra las sociedades santas; con razon aplicara el fuego, el puiial y el exterminio 4 tanto sagrado recinto, para no ver practicados los sdlidos principios sociales ; pero pase- mos adelante, y concluyamos de demostrar la desgra- ciada suerte del incrédulo. ; Es el incrédulo un espiritu insensible 4 los bellos en- cantos de la naturaleza; es un hombre feroz, como los descendientes de Ismael, que viviendo entre ae hombres 8 enemigo de todos , y cree que todos lo son de él; se cree tan aislado en medio de la familia racional, como el buho, que por instinto huye de sus semejantes; esta reducido 4 si solo. Qué habra en el mundo que pueda hacerle feliz? 4Los placeres sensuales? gLos talentos? gLas riquezas? gLos honores ? ,El poder y la gloria? Démoselos, pues, al inerédulo; posea enhorabuena todo lo que anhelan los ‘Mundanos, que , esto no obstante , es el sér mas desgra- ciado del mundo, porque en ninguno de estos objetos pue- de encontrar su corazon una satisfaccion completa. Y, en efecto, tal es la ansiedad del corazon humano, que nada le satisface en este mundo; cuanto mas tiene, mas desea poseer; cuanto mas posee, ménos placer sien- te en el goce de las cosas poseidas. Asi es que Dios no quiere del hombre sino el corazon, porque al criarle le imprimiera en él el sello de la inmensidad, para que nada le saciase con plenitud, sino lo que es inmenso é¢ infinito. Cuando de mano de Dios recibiera el hombre la propiedad de la tierra, con sus producciones, animales y tesoros, me parece estar oyendo la voz divina, que instruye al mortal y le dice: «Te he hecho 4 mi imagen y semejan- za; te he dado un corazon con deseos inmensos, con esperanzas inmortales, con propension a poseer un bien infinitamente perfecto; derrama tu vista sobre lasiinson- dables aguas del mar; encierra este gran abismo en su
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