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355 ces la tierra sera un trasunto del Paraiso; enténces la so- ciedad humana, segun la expresion del Profeta nombrado, sera mas amable y suave que el precioso timiama, que fué derramado sobre la cabellera y ornamentos sagrados de Aaron; su gloria y felicidad sera como la del monte Sion, fecundado por los rocios del Hermon; enténces der- ramar4 Dios en ella sus abundantes bendiciones, y los corazones humanos rebosaran en delicias inefables. Pero, entendedlo bien, amados mios; el incrédulo no puede encontrar estos encantos en la sociedad , porque él es en medio de sus semejantes lo que son esas aves de rapiiia, que no tienen otro instinto que el de devorar asus inocentes compafieras que se les asemejan en su organi- zacion. Porque, hablemos con claridad, gqué son para el incrédulo los hombres? iqué es la sociedad? Vergonzoso es tener que repetir en este lugar las blasfemias sociales y religiosas que salieran de la boca de los incrédulos mas sabios: para ellos el hombre es un sér salvaje y solitario, que aprendiera de los irracionales 4 unirse 4 los de su especie; un sér sacado 4 luz por combinacion fortuita de los elementos; un sér en quien una larga y desastrosa ex- periencia ocasionara una perfeccion de sentimientos; la sociedad un convenio que, hecho por los hombres, pue- de deshacerse cuando les plazca; de aqui es que, segun las maximas del hombre que mas escribid en el particu- lar, de aquel sofista que pretendié componer la sociedad racional segun sus teorias absurdas, el padre y el hijo son tanto como el leon y el leoncillo que, encontrandose a los dos afios, no se conecen, y acaso se devoran; la ma- dre no cria al hijo de sus entraiias sino por desembara- zarsé de un peso que pudiera ocasionar su ruina ; los hom- bres todos son unos séres vituperables, que en nada se distinguen del bruto, porque su raciocinio es el equiva— lente del instinto animal; su voz la copia del rugido de las fieras; sus afectos y sentimientos, sus virtudes y vi-

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