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siera en las riberas de la Iberia y otro en las raices de los Andes; su brazo pesado se extiende hasta los confines del mundo; sus halitos han osado penetrar en todos los paises de la tierra; la incredulidad , jah! ella es la que hace que nuestra edad sea tan desgraciada, porque los hombres han adoptado.sus maximas, y no hay en el mundo un sér mas desgraciado que el incrédulo. _ Ved, amados mios, el objeto que voy a-tratar en esta tarde: el triste cuadro de un hombre entregado en los bra- zos de la impiedad. No es mas que un bosquejo casi im- perceptible de otro cuadro horrendo, de otro estado des- graciado en que despues de esta vida se ha de ver el in- crédulo. ;Quiera Dios que atemorizado por los males de esta vida, levante sus miradas al cielo y le pida perdon! Entre tanto, pidamos nosotros sus auxilios por la media-. cion de la Reina de los angeles. AvE Maria. Por grandes que sean los honores, los talentos y ri- quezas del hombre, no puede gozar de ellos si no tiene religion. Proposicion de eterna verdad, dura 4 los ojos de la carne, incomprensible 4 la filosofia incrédula, pero infalible en todas sus partes. Para proporcionar al hom- bre irreligioso un destino 4 medida de sus deseos, reuna- mos todos los bienes y placeres de que puede gozar en la tierra; coloquémosle bajo un cielo hermoso, en una re- gion afortunada, donde la naturaleza desarrolle todos sus encantos y hermosuras; rodeémosle de la sociedad mas brillante y afable; démosle juventud, placeres, salud, riquezas, honores y glorias ; ailadid 4 esto cuanto que- rais: siel hombre no tiene Religion, todo sera nulo para formar. el tejido de su dicha. Y gpor qué? Porque sin Re- ligion la naturaleza esta como muerta y sin animacion; la sociedad de sus semejantes’sin dulzura ni encanto;
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