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im 250 terarias 6 los laureles que alcanzaran peleando por su Pa- tria, por su Rey y Religion. Vivian los pueblos contentos y alegres; los jueces apénas tenian que hacer aplicaciones de la ley; los monarcas no tenian que temer las insurrec- ciones; todo era paz y prosperidad, y hoy dia, que la ci- _ yilizacion ha hecho tantos adelantos , hoy que las inven- ciones del arte han subido 4 su tiltimo apogeo, hoy que tanto se proclama la filantropia, el érden, la moralidad, la conciencia, el respeto 4 las leyes, la sumision; no se oye por todas partes sino guerras y opiniones de guerras, desérdenes, pobreza, miseria, ignorancia, trastornos en las familias, falta de educacion y respeto en los hijos, descuido y abandono en los padres, asesinatos, robos, en- venenamientos, suicidios y calamidades. Era este pensamiento un tormento para mi espiritu; era un gran problema que no podia resolver, cuando, abriendo el libro divino.en que Dios habla 4 los hombres, encontré en él la solucion de este misterio: «El pecado ha- ceinfelices 4 los pueblos.» Miseros facit populos peccatum. Con estas palabras comprendi que habia en aquella edad un principio de dicha que no existe en la nuestra: con esta sentencia entendi que alguna mano audaz habia.ar - rebatado al género humano la verdadera fuente de las ri- quezas, pues de otro modo no podia suceder que, siendo mayores los adelantos, creciese mas y mas la desdicha de los pueblos. Tienen, pues, razon los ancianos en de- cir que nuestro siglo no se parece al suyo; tienen razon los historiadores en cuanto afirman sobre la paz y pros- peridad de su época. Era su siglo, siglo religioso, en que profundamente se veneraba la Religion, sus dogmas y moral; no habia salido atin de la infancia la gran maes- tra del error que quiso destruir la divinidad y reducir 4 puras convenciones las instituciones divinas y humanas. Hoy dia este parto del infierno.ya es un gigante robusto, que, 4 semejanza del gran coloso de Rodas, un pié pu-

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