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344 hay una parte contra la cual no tiene poder la muerte, ni a accion los gusanos, ni puede encerrarse ni confundirse con el polvo; decidle que el sepulcro no es mas que un depdsito de su mortalidad; que las yertas cenizas han de ser animadas algun diay que han de ser revestidas de in- mortalidad; aseguradle que ni el fuego inextinguible ni los mas atroces tormentos han de poder destruir despues aquel cuerpo, porque el alma que fué la cémplice de sus ‘erimenes en la vida presente, lo ha de sostener para siem- pre inmortal, sea para gozar , sea para padecer; decidle todo esto, y le oireis prorumpir en gritos de rabia y de- sesperacion. jAh! Bien dijera ésto muchos siglos ha el Angel que acompafiara al justo Tobias: «Los que obran la in- ' justicia y la iniquidad, son enemigos de su propia alma.» Qui autem faciunt peccatum et-iniquitatem , hostes sunt anime sue, Poco importa al incrédulo oir que Dios casti- ga y premia para siempre, ‘porque 61, temerario por una . parte, desafia 4 Dios con sus suplicios, y suicida por otra, responde que para ser feliz no necesita sino de los place- res de esta vida, y que toda su esperanza es la aniquila- cion desu alma y su destruccion. gPuede darse mayor ' Odio de si mismo? jAh! Algunos hombres malvados, dice San Agustin, homicidas de si mismos, se han sumergido en las aguas y arrojado en precipicios, pereciendo asi miseramente. Quiza hasta el momento de ejecutar esta resolucion atroz han podido estos hombres disfrutar de pazy de dicha, y llegar a tal extremo por efecto de un acaloramiento 6 ena- jenacion; pero el incrédulo, que esta en guerra continua con su propia alma, no puede ménos de ser su verdugo toda su vida; porque por mds que quiera deprimirla, ésta lo llama siempre 4 su nobleza original, reclama 4 cada paso los homenajes que debe 4 su Criador, y no.puede ménos de abogar en favor de la eterna verdad, oponién= _

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