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furor, como los voleanes oprimidos por las moles inmen- sas de los montes. En ellos se ensefia cémo por medio de un pistoletazo, de una pufalada, de un veneno, conclu- yen los séres humanos y se acaba un enemigo; esto es cuanto nos ensefian esos dogmatizantes. Y jpluguiese al cielo que sus lecciones no fuesen escuchadas! j Pluguie- se 4 Dios que no hubiésemos sido testigos de la practica de estos principios! Porque jah! no hace atin muchos dias que este santo templo se cubrié de espanto y de luto, que los sacerdotes debimos llorar entre el vestibulo y el altar; que sus altares y aras fueron profanados por una mano audaz; que..., pero corramos un velo y lloremos la suerte desgraciada de aquel infeliz que sacrificé su cuer- po, y... callemos lo demas: mas fulminemos una maldi- cion contra esos dogmas subversores de la incredulidad, que tantas desgracias han ocasionado en la tierra; hijos del infierno, no pueden ménos de ser homicidas, por- que el principe de las tinieblas, como afirma Jesucristo, fué homicida desde su principio: Zlle homicida erat ab initio. : No he concluido atin: el incrédulo no se contenta con ser enemigo del hombre, sino que lo es de si mismo. Por grande que fuera el ddio que todos los hombres tuviesen a un moralista de esta especie, no llegaria 4 ser mayor ni tan extenso que el que el incrédulo tiene 4 si mismo: es un édio mortal, un aborrecimiento que excede los limites del tiempo, y que no se satisface sino en la inmensurable extension de la eternidad. Sus enemigos pudieran desear saciar su rabia, 6 profundizando en su corazon miles de aceros, 6 descuartizandolo vivo, 6 precipitandolo entre ruedas de acero. Todo esto seria nada, porque bien poco temibles son aquellos que sdlo pueden perder este cuerpo corruptible; pero el incrédulo es enemigo encarnizado de su mds noble porcion; su alma es el objeto de todos sus tiros. Decidle que es inmortal; que de este su compuesto ij") Sa a i

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