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sangre sagrada, tan pronto los tribunales resonando con las respuestas perjuras de traidores, que con tanto valor sostienen la mentira como empufiaran el cuchillo contra sus mayores. Aqui, el hijo que cubre de oprobio el lecho. nupcial que le dié el sér; alli, la madre adultera, cortan- do la vida con tésigo devorador al fruto de su pecado, antes que vea la luz; en otra parte, sacrificandose el hombre a si mismo sobre el palpitante cadaver donde ha saciado su ira. , Quién ha ensefiado 4 los hombres esos. atentados que horrorizarian 4 los salvajes, admirarian 4 los tigres, si éstos pudiesen comprenderlo? gQuién ha aguzado esos puiiales homicidas y suicidas, Acuyos filos sucumben 4 un tiempo dos victimas ? gQuién ha enseiia- do 4 mezclar el tésigo entre las demostraciones de cari- no? ;Ah, amados mios! gQuién? Esa gran maestra de iniquidad, que se complace en destruir en sus principios. cuanto honra y distingue al sér racional: la sociedad, las leyes, la civilizacion y las costumbres; ese monstruo que intenta ahogar los gritos de la conciencia, para que no se oiga en el santuario del corazon humano la voz de la ver- dad; esa doctrina impia, que quisiera que el hombre se convierta despues de la muerte en osamenta, en gusa— nos, en podre y en ceniza, sin otra esperanza para la eternidad. Esta doctrina descuella 4 torrentes de los cinicos es- critos de que tanto han inundado la Europa y la América aquellos asesinos de la humanidad ; esta misma doctrina estan reproduciendo esos voliimenes infandos, que des- pues de postergar los misterios de la Religion, nos estan descubriendo los misterios de iniquidad de las grandes Babilonias europeas, entre las cuales no se ven sino in- trigas consumadas y el arte de hacer las deslealtades, infidelidades, ddios inveterados, pasiones satisfechas bru- talmente, iras reprimidas largo tiempo para estallar con _ para decirlo? tan pronto las calles y plazas bafiadas con * i aa

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