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social por naturaleza, no por calculo ni conviccion mi= tua, como pretendié la delirante dialéctica de los ultimos filésofos. Quisieran éstos persuadirnos con sus pretendi- das especulaciones que distaramos unos cuantos grados de esos animales, que con destreza instintiva imitan lo que ven, para hacernos tan materiales como ellos y limi- tar nuestra existencia 4 unos pocos dias pasados en la su- perficie de la tierra. ; Miserables! se proclamaban sabios, y no fueron capaces de observar que esos cuadriipedos, que imitan alguna vez al hombre en las acciones mate- riales de sus manos y piés, hacen hoy lo que hacian seis mil afios ha, sin haber podido pasar ni una linea de sus operaciones primitivas, cuando el hombre, por su propia voluntad, hoy destruye lo que ayer edificé ; maiiana per- fecciona lo que hoy realizara, desarrollando por grados una perfectibilidad que tiene en el centro de si mismo, con propensiones 4 lo infinito, adonde llegaria si pudiese franquear una barrera inmensa, que es la limitacion a que esta circunscrito como criatura. Quisieran asemejar- nos, repito, 4 los irracionales, para hacernos incapaces, como ellos, de conocer nuestro origen de la Divinidad, nuestra semejanza con ella, nuestras obligaciones de ado- racion y de culto, y el fin de nuestra existencia, cuando el mismo artefacto humano nos predica que hemos sido — criados para contemplar la hermosura de los cielos, y mirar all siempre como 4 nuestra patria; porque, no lo dudeis, amados mios, ningun animal irracional alza ja- - *més la vista hacia esa gran maquina que rueda sobre nos- otros; y si alguna vez vemos 4 las.aves domésticas mirar hacia los aires, es un efecto de su instinto, que los guia 4 librarse de sus enemigos, que en los aires tienen su morada continua. De estos principios, que nadie puede atacar ni desmen- tir sin quedar vencido, es facil deducir que el hombre es social y amante de sus hermanos por su propia natu- ‘

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