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= ee : ae * éstas creencias duran atin , sin que despues de tantos ata- ques, despues de tantas revoluciones , despues de tantos trastornos como ha habido en los reinos y naciones, se haya mudado un dpice de lo que creyeron los Patriarcas, de lo que anunciaron los Profetas, de lo que enseiié Je- sus, de lo que predicaron los Apdstoles, de lo que ates- tiguaron los martires, y de lo que la Iglesia ensefia. Re- corred el mundo; id de uno 4 otro polo, y en la China como en la India, en la América y el Asia, encontrareis catdlicos, cuyas costumbres se diferencian por las in- fluencias del clima, de los habitos y educacion naciona= les, mas todos estén unanimes en confesar la misma fé . que enseiié el Apostolado, y que la Iglesia como deposita- - ria de la verdad sostiene, sin otras armas ni esfuerzos que la influencia directa de Aquél que la prometié su asisten- cia hasta la consumacion de los siglos. 4Pueden darse autoridades mas venerandas? Y si acaso no mueven al incrédulo porque todos éstos son héroes de la Iglesia, abra la historia profana, y en ella encontrara hombres de todas clases, estados y condiciones que su- misos creyeron y profesaron estas mismas creencias ; mas ya que estoy hablando 4 un pueblo grande, justo es que le hable con sus mismos anales en la mano. ;Oh incré- dulo! Tui dices que eres espiritu fuerte, hombre grande é intrépido, porque desafias al cielo. ; Miserable! Nunca seras ni tan fuerte ni tan grande 6 intrépido como los hombres que voy 4 nombrarte; nunca serds tan noble y herdico como los Alfonsos y Fernandos, quienes supie- ron exponer su vida por el honor de su pueblo, y miles de lauros ganaran en los campos de Sevilla, en las Navas de Tolosa, en los muros de Granada y en las margenes del Guadalete; nunca seras tan herdico como los Sanchos, los Gonzalez, los Cides, los Guzmanes y los Cortés ; nun- ca seras tan sabio como los Granadas y los Luises, los Vi- ves y Lulios, los Puentes, los Calderones y Quevedos; q

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