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hombres que se apellidan sabios, porque se arrojan en medio de los abismos, cubriendo sus ojos con una ven- da? ,Quién dejara de dar el nombre de estupidos 4 esos que, adulterando el nombre de filosofia, lo aplican 4 la soberbia ignorancia en que viven de si mismos, de su naturaleza, de su origen, de la suerte que les aguerds y de los medios que se han de adoptar para preservarse de una desgracia sin limites? Quieren esos mismos hom- bres que las investigaciones de la ciencia suban hasta el firmamento, que se cuenten las estrellas , que se descri- _ban sus movimientos, que sepamos el género, la especie y cualidades de los viles insectos, que estudiemos la historia de los pueblos que pasan como el humo, gy no quieren estudiar si hay un Dios terrible, si este Dios nos crié para amarlo en la tierra y premiarnos en el cielo? Si las dudas de estos hombres fuesen involuntarias; si estds cuestiones formidables fuesen discutidas por ellos con sinceridad; si ansiosos de obrar bien se esforzasen por descubrir la verdad, y ésta se les ocultase, nos ad- miraria su ceguedad, y nos compadecerfamos. Si al mé- nos en sus dudas abrazasen la via mas segura; si respe- tasen las leyes cuya infraccion puede acarrearles con= secuencias tan espantosas, quiza alabariamos su pruden- cia; pero complacerse en estas dudas; envanecerse con ellas y prevalerse para abrazar lo mas peligroso; vivir como si estuviese probado con evidencia que no hay Dios, ni infierno, ni gloria, ni eternidad; adormecerse voluntariamente en un suefio, del cual pueden despertar en los abismos, es una extravagancia, es un furor, que seria reputado de enajenacion mental, si se tratase de otra materia. Siendo verdad todo esto, tengo ya probado que la in~ credulidad es una locura; porque si hemos de hablar con seriedad y de buena fé, ningun inerédulo ha podido pasar de dudar, y por mas que haya pretendido amontonar

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