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esta verdad en-tres discursos, manifestando la verdadera esencia de su doctrina de esta época de la gran apostasia de la fé; y sin temor de ser desmentido, diré cudnta es la demencia, cual el crimen, y cuanta la desgracia del siglo inerédulo. ;Cual es su locura? Lo vereis despues de haber implorado los auxilios divinos. AVE Maria. La incredulidad es lo que vanamente se llama filoso- fia; sus iniciados son espiritus agigantados , que han sa- cado al mundo de los paiiales de la infancia, y encendi- do la antorcha de la razon, casi extinguida entre las ti- nieblas de la barbarie; miran éstos con desdefiosa com- pasion 4 los demas, y llaman espiritus vulgares a cuan- tos creen y obran como sus padres creyeran; pero yo voy © a probar a estos espiritus fuertes que son los mas débiles --y ciegos del mundo, y que no hay en la tierra un insen- sato mayor que el incrédulo, ni un hombre mds digno, por sus extravagancias, de la risa general. Es el inerédulo un hombre que desprecia la religion, porque duda que sea verdadera, 6 porque esta persuadi- do de que es falsa; no lo dudeis; para rechazar la reve- lacion es necesario servirse de las armas del raciocinio, 6 bien abusando de 61 para dudar, 6 bien reprimiendo las naturales tendencias del entendimiento hacia lm verdad, para hacerlo propender 4 la mentira, negando con. obsti- nacion la existencia de aquélla; estas son las armas del incrédulo, y voy 4 haceros ver que, sea un hombre incré- dulo porque duda, 6 sea porque no duda, es un insigne demente. Supongamos, pues, por un momento que pueda dudar el hombre de la veracidad de la religion, y que, consi- guiente 4 esta duda, tome el partido demo creer. 4Qué locura noes esta? Duda el impio de la existencia de Dios;
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