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Es un siglo incrédulo, que profesa todo error y recha- za toda verdad; en los que nos han precedido, todos han contado sus respectivos herejes y sus épocas de sangre; cuando leemos lo que pasaba en el siglo vi, vu y vin; cuando consideramos los errores del siglo xvi, cierta- mente nos sobrecogemos; no habia mas que incendios, asesinatos , raptos, violencias, carniceria y sangre; pue- hlos y naciones enteras se atacaban y devoraban, es ver- dad; pero era un pueblo cristiano el que se defendia de los ataques del islamismo; era un pueblo catdélico que, llamado por su Rey al campo del honor, combatia contra el ominoso sectario, que conviddra con la depredacion & innumerables fanaticos , y bajo las banderas de rebelion. alistaba & miles de apéstatas; y tal era el valor de los or- _ todoxos combatientes, tal el fervor de los pueblos, tal la fé de aquellas edades, que miéntras unos peleaban, otros se vestian de cilicios y hacian oracion pidiendo al cielo la victoria; tan adictos eran los fieles 4 las practicas re- ligiosas , que se vieron 4 las veces ejércitos de medio mi- lleon de hombres que no entraban en batalla sin haber re- cibido primero la comunion 6. la bendicion sacerdotal; testigos son los campos del Oriente; testigos Clavijo y el Salado; testigo las aguas de Lepanto; testigos las lla- nuras de Castilla y los campos de Leon. Hoy dia no hay aquellas guerras; mas en cambio de la paz, la increduli-. dad ha asentado sus reales en todos los pueblos cristia— nos, y con la mayor indiferencia miran unos las prdcti- cas religiosas, y con desfachatez niegan otros los dog- mas de la Religion; si, nuestro siglo tiene todos los erro- res que sucesivamente profesaron los anteriores, y tiene ademas la incredulidad filosdfica que el pasado engendra- ra con sus sistemas irreligiosos: nuestro siglo es el mas infausto, porque ha cerrado del todo sus oidos a la ver- dad, y se ha vuelto 4 la mentira: A veritate quidem, etc. Para preservaros del contagio, voy 4 demostraros

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