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tares y alimentarla con la doctrina del Evangelio y con el Pan de los angeles; en él se solemnizan las fiestas de los Santos y los misterios sagrados con tanta pompa como hubiera podido hacerse en tiempo de los Damasos en Roma y de los Teodosios en Constantinopla. Al oir esto, todos habeis dicho ya en vuestro corazon: {Siglo de oro! jSiglo feliz! ;Siglo dichoso! ; Ah! no lo digais, amados mios. Cuanto me habeis oido es verdad, y es una prueba evidente de que Dios protege 4 su Iglesia perse- guida, y suscita hombres en todas épocas que con sus talentos, su heroismo y su fervor pongan un dique 4 la mentira y 4 la herejia; pero entre tanto, preciso es confe- sar que nunca existié siglo mas nefando. ; Qué dolor! El celo y la caridad inspiré al sacerdocio el gran proyecto de reimprimir con suntuosidad esos grandes monumentos de la literatura cristiana, para ver si consigue apartar de las manos de los hombres otros grandes y numerosos voltimenes que la filosofia incrédu- la diera 4 luz, adornande sus doctrinas venenosas con finos caractéres y vifielas exquisilas; el cielo y la cari— dad los movié a escribir historias religiosas, para arran- car 4 la hermosa juventud otras muchas historias, no- velas y romances que la obscena filosofia inventara para abolir, si posible fuera, la moral del Evangelio; el celo inspiré al sacerdocio las misiones extranjeras y las mul- tiplicadas ediciones de la Biblia, con el fin de poner un dique 4 esos predicantes que envia el protestantismo con la unica mision de propagar en la tierra las biblias falsificadas en que esta adulterada la Religion; y, por fin, la gran pompa que hoy se advierte en las solemnidades, ademas de tener el objeto primario de adoracion 4 Dios, tiene otro, y es el de atraer por ese medio los fieles al templo, de donde los aleja la incredulidad; repetid, pues, conmigo que este siglo es el mas desgraciado de todos los que nos han precedido.

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