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- ligion, y enemigos de todo gobierno, de todo Gade y * toda sociedad. Tercero. Nos resta examinar el tercer ataque de la impiedad y tercer triunfo'de la Religion. Hacia catorce siglos que la sangre de los martires habia cesado de der- ramarse por la fé; el siglo xvi hizo un nuevo ensayo en los ministros del altar; ellos eran los que resistieron im- pertérritos 4 la impiedad; ellos los que acometieron con denuedo a la filosofia ; ellos descubrieron sus planes, y asi contra ellos se volvié todo el furor; del mismo modo que para destronar 4 los Reyes ensefid el jacobinismo que éstos debian manejar la esteva y el arado, asi tam- bien dijeron 4 los pueblos que el sacerdocio no debia res=- pirar sino pobreza; nada de esplendor en los ministros de un Dios que quiere ser adorado en espiritu; fueron des- pojados de todos sus bienes, fueron reducidos 4 la extre- ma pobreza, fueron asalariados como el ultimo empleado civil; las calles y plazas presentaban los mas horribles pasquines contra el sacerdocio; se les trataba de haberse alzado con las riquezas de los pueblos; no se perdoné 4 la obscenidad para desacreditarlos; las iglesias sufrieron la misma-suerte que sus ministros; fueron despojadas con violencia de los bienes que la piedad de muchos tes- tadores les ‘habia dejado, y de las cuales nadie podia disponer sin contravenir 4 los derechos de la razon, & las leyes divinas y alas disposiciones humanas; para colmar la medida de la ignominia, fueron conducidos 4 los tribu- nales civiles, se les exigieron juramentos inicuos, y en un momento desaparecian los sacerdotes, quedaba la fé sin defensores, se 'volvia al tiempo de la barbarie, y la humanidad retrocedia 4 los errores de la idolatria; entén- ces fué,amados mios, cuando la razon crey6 triunfar; en- ténces se cumplié el vaticinio de San Pablo, que el hom- bre se sentaria en el sagrado tabernaculo, pues no falté una prostituta, emblema arbitrario de la razon, 4 quien Mihi ak Ss Mila a i ee aati

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