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lezas, la historia con sus fechas, las naciones con sus monumentos, van 4 dar testimonio contra la Religion. Cada dia nuevos descubrimientos, cada aiio nuevas con- vicciones contra la verdad revelada; el Egipto énvia sus constelaciones grabadas en piedra; el Oriente sus tablas cronolégicas; la China sus innumerables centurias, para probar que la historia de Moisés era una fabula. Se admi-— raba el mundo de haber sido engafiado tanto tiempo; se avergonzaban los hombres de que su razon hubiese te- nido una infancia tan prolongada. ;Qué alabanzas se pro= digaron 4 los héroes de la razon! jCudnto incienso les dié el mundo sensual! Pero ,qué sucedié al fin? Que habien- do continuado los descubrimientos y profundizado los es- tudios, se reconocié que estos sabios habian sido enga- fiados con las ilusiones mas groseras; sus invenciones y sus sistemas se desvanecieron como sueiios 6 fantas- mas; sus dificultades, examinadas con mas madurez, se volvieron en pruebas de la Religion que atacaban; los monumentos traidos de tan léjos y 4 tanto costo, en vez de probar contra la verdad, atestaron en su favor; y, en fin, calculando con mas exactitud y raciocinando con mas ldgica y acierto, se vino a declarar que cuanto dicen los libros santos sobre la creacion del hombre y las demas verdades de la Religion, era veridico y de una autoridad irrefragable, y, por consiguiente, que la Iglesia que los habia canonizado como revelados, era Ja tinica, la ver- dadera, la sola que duraria tanto como su Fundador, miéntras las herejias y sus autores pasarian como el es- tampido de un caiion, cuya memoria cesaba con el soni- do: Per transit memoria eorum cum sonitus. ; Qué triunfo tan grande! ,Dénde estan ;oh sabios! vuestras especula- ciones y vuestros descubrimientos? g Donde vuestras cos- mogonias y sistemas? Udi sapiens, ubi scriba, ubi conqui- sitor hujus seculi? ,Dénde? Ya no existen sino en las ca= bezas de algunos hombres sin f6, sin moralidad y sin re=- ;

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