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310 deseo del oro como tinico medio y tinico fin de todas las empresas. ,Cudl fué el resultado de todas estas alevosas empresas? La Iglesia continué con el mismo rigor, y la vemos, despues de tres siglos en que se fragué su ruina, animada del mismo espiritu de su Fundador; desde en— ténces empezaron 4 subir al trono de Pedro los Pios y los Benitos , cuyas luces asombraron 4 los sabios tanto como edificaron al mundo sus virtudes, y este triunfo conti- nua hoy en el esclarecido, grande y magnanimo Grego- rio XVI; desde enténces el Japon, la Mesopotamia, la Etiopia y otras naciones remotas, presentaron un campo vasto 4 los sacerdotes catélicos, y vieron la luz del Evangelio los pueblos que yacian en las sombras del er- ror; y la herejia fué detestada por los Reyes y Empera- dores y por los pueblos mas poderosos de la tierra. Hay mas, amados oyentes; no satisfecha la impiedad con haber acerado sus armas contra la Iglesia, y viéndo- la indestructible contra las fuerzas feroces que la opuso la herejia , intenté emplear los recursos de la ciencia; para proceder con mas tino, creyé conveniente el probar que los libros sagrados eran una ficcion y los hechos atesta— dos en ellos una paradoja; conseguido esto, la Religion verdadera no presentaria sino un conjunto de combina- ciones humanas, un parto feliz de unos entendimientos superiores ; en una palabra: instruidos los hombres de esta teoria, la Religion y la Iglesia se desplomaban como el edificio elevado sin cimientos. gCuanto no se hizo en el siglo pasado para llevar 4 cabo esta empresa infernal? Los hombres presuntuosos de la moderna filosofia abra- zaron toda la extension del saber, dedicandose a trabajos sin limites.fAsentdése por base que el hombre habia sido criado en un estado de pura animalidad, y que muy luégo eché de ver que los fendmenos de la naturaleza Je eran, ya perjudiciales, fya saludables: no teniendo otra guia que sus sentidos, y arrastrado, segun ellos, por un instin-

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