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nosas, ydee -tos serian los”enemigos ‘domésticos, cuyos yofisuien y ibuir 4 su siGile i Sion goes . ai imperio iddlatra se Pe _encarnizaron contra Jesucristo, y nada consiguieron; pero habia otros enemigos de la Religion que saldrian de sus mismos hijos,e la combatirian con armas terribles y omi- los conagguinia una completa victoria; és- tramas la darian un nuevo lustre, como lo vereis en la r owe Sad “SEGUNDA PARTE... = © Cuanto os he dicho hasta ahora an los triunfos conse- guidos por la Religion contra los ataques de los tiranos, no es nada} era sabido que ésta hija del cielo seria como - el grano de trigo-que, enterrado en las entrafias de la tierra, sale mas lozano cuanto mds han cargado sobre él - todos los rigores de una estacion contraria; cada gota de sangre de los martires seria como el rocio celestial que _ fertiliza las campifias yermas por los ardores del sol; nada tenia, pues, que temer de las violencias de los persegui- dores; pero se congregarian contra ella otros concilios mas formidables que asestarian sus tiros con mas tacti- ca, y la presentarian combates tanto mas formidables, cuanto eran dirigidos por los hijos que saldrian de su pro- pio ‘seno. Levantado el trono de San Pedro de entre las ruinas de la Babilonia de iniquidad, y establecida la paz en la Iglesia, la herejia y el error vendrian 4 turbarla; pero la Religion, tan grande entre los dias serenos como en los momentos de borrasca, flotaria entre las olas espu- -mantes del furor iddlatra, y llegada al puerto de bonanza, _eolocada en el Monte Santo, se reiria de los esfuerzos in- litiles que se ejecutarian contra su estabilidad eterna. Su divino Fundador no oculté 4 sus discipulos nada de cuanto les sucederia; asi como les anuncié sus padecimientos, TOMO Il. 20

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