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han venido 4 parar las risueiias promesas del Hijo de Maria? j Alégrate, sinagoga; goza en paz de las alegrias ' de tu victoria! Pero gqué rumor viene a poner en conster- nacion 4 Jerusalen? De repente resuenan sus cuatro n= gulos con la noticia de que ha resucitado Jesus; las guar- dias del Sepulcro corren despavoridas, anunciando al Concilio que han oido el ruido espantoso que ha causado la lapida levantada por los angeles; que éstos se hallan sentados sobre los marmoles; los discipulos salen al pi- _ blico; libre ya del humano poder, sube su Maestro triun- fante 4 los cielos; baja un viento vehemente sobre el co- legio apostdlico; al ruido se agolpa Jerusalen; hombres de todas las naciones se reunen 4 porfia; habla Pedro en su idioma, y todos le entienden en su propia lengua; tres mil hombres se arrojan 4 sus piés, confesando la di- vinidad del Crucificado en el centro de la ciudad deicida, y 4 la vista del Concilio que le ha condenado, suben Pedro y Juan al templo, curan en el nombre de Jesus a un cojo de nacimiento, dirige de nuevo la palabra, y se convierten cinco mil almas. ,Qué haceis, fariseos? La virtud de Jesus se ha reproducido en el que lo nego 4 la voz de una de vuestras esclavas; oid lo que dice 4 la turba reunida: «Dios resucité 4 Jesus, 4 este hombre aprobado por sus virtudes, prodigios y sefiales, 4 este hombre que los malvados condenaron.» (Act., 11, 23.) gCémo podeis sufrir lo que os dice 4 vosotros en ese mismo Concilio en que condendsteis 4 su Maestro? «Este Jesus es la piedra que ha sido reprobada por ‘vosotros; no que- reis que prediquemos en su nombre; juzgadlo vosotros, joh Principes del pueblo! Es justo que os oigamos 4 vos- otros, y dejemos 4 Dios? Preparad vuestras carceles, con- -denadnos al destierro 6 la muerte, pero no podemos ménos de hablar lo que vimos y oimos.» (Acé., Iv, 11 et 20.) {Qué triunfo tan esclarecido! ;Qué victoria tan com~ pleta* La Religion sale mas clara y refulgente de entre las

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