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el mundo, que se erigié en perseguidor suyo; las persecu- _ ciones empezaron en £1, continuaron en sus Apéstoles, y se perpettian en los miembros de la-Iglesia. gHan aniqui- lado la verdad? ¢Han destruido la Religion? No, amados mios, no; arites al contrario, vemos 4 esta hija del cielo, rodeada siempre de los esplendentes rayos que la comu- nieé su divino Autor, haciendo su érbita majestuosa, que émpezé en el Calvario, como en su Oriente, disipando las nubes del judaismo; se elev6 con gloria confundiendo ‘los errores del paganismo, y no llegara 4 su Ocaso sino presentando entre las ruinas del: mundo los trofeos al- canzados sobre la herejia de los Arrios y la apostasia de los fildsofos de estos uiltimos tiempos; su Autor se lo pro- metié, y asi como Fl vencié 4 los fariseos entre los hor— rores de la cruz, asi su Religion sacrosanta, asistida por fil, vencera hasta la consumacion de los siglos. Hece ego bobasesiin sum. usque ad ‘conbumibetionom se@ecult. (Matheei, "Cap. XXVIII, vers. 20.) ~~ Para Wegar 4 sokiphbnder esta verdad examinemos los medios de que se valid la Providencia para extender la Religion del Crucificado, las contradicciones del hu- mano poder y los resultados. Al considerar con las luces de la historia de la huma- nidad lo quefpas6 en el siglo de Augusto, se ve un hom- bre en la Judea que, 4 manera de los filésofos de Roma 6 de Atenas, reune algunos hombres, y apartandolos del — _ vulgo forma.de ellos un cuerpo aparte 6 una escuela; no trata con ellos ni de los principios de la filosofia, ni los imbuye en{las méximas del gobierno, ni de la politica del mundo ; les manda que den al César lo que es del César, y & Dios lo que és de Dios, y con esta sola maxima dice en dos palabras cuanto debe hacer el monarca para llenar los deberes que contrajo con sus vasallos, al recibir un poder que solo fel Eterno inmortal Rey de cielos y tierra puede comunicar 4 los mortales, como la estrecha obli- 5 i pe ne a Sia i

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