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+55 - ¥. > 289 Maria no llega mas eco que el que repite su corazon: la muerte, el sepulcro; igual eco interrumpe el silencio de la noche; igual rumor precede los pasos de Maria, no reso- nando por todas partes mas que la voz del sepulcro y de la muerte de su amado. _Contempladla, amados mios, en las dos noches de su amarga soledad; cuantas personas la rodean, no hacen mas que agravar sus penas, aunque involuntariamente. Aqui aparece Pedro, que despues de haber negado 4 su Maes- tro y llorado su culpa, viene 4 postrarse 4 los piés de la Madre desafortunada y a.pedirla perdon; alli llegan lle- nos de espanto otros discipulos; & un lado esta la Magda. lena y las otras piadosas mujeres; al otro el virginal apés- tol que la consuela como buen hijo. ; Qué cuadro tan triste para una Madre como Maria! Uno refiere aquella mirada compasiva que lo ha convertido, recordando que anduviera con él sobre las aguas, que recibiera la prome- sa de ser la piedra de la Iglesia; otro recuerda que tuvo la bondad de admitirle 4 sus mas intimas confianzas; aquélla llora atin, acordandose del amor con que la per- dond; ésta relata las palabras dulcisimas de sus labios, y todos concluyen con una misma aspiracion, todos excla- ~ man con dolor: «j Por qué has muerto, Maestro Divino, Redentor suspirado, Dios amoroso!» Y no hay una sola voz entre todas que no lleve al corazon de Maria el triste sonido de muerte , sepulcro y horror. Era entdénces cuando esta alma purisima exhalaba suspiros de amor hacia su Hijo amado; mas angustiada que David, «salvame, decia; sdlvame y librame de la tempestad, ;oh Dios mio! porque han penetrado las aguas de la amargura hasta lo mas intimo de mi alma. Me en- cuentro atollada en lo mas profundo del abismo del do- lor, y no hallo consistencia. He llegado 4 lo mas. proce~ loso de la tribulacion, y me ha enyuelto en sus torbelli- nos la furiosa tempestad: Del fondo de mi corazon he TOMO II. 49
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