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b f i k 287 bres! Si esta idea nos espanta 4 nosotros que no exami- namos las cosas con toda la detencion y escrupulosi- dad que merecen , ; cuanto no consternarian 4 una alma que vivia entre los mismos resplandores de la Di- vinidad ! ; Cuanto no contristaria el corazon de una Ma~ dre, que habia engendrado a este Dios en su vientre pu- risimo! ¢Hay aqui alguna madre de corazon noble, gene- roso y tierno? Si; alli hay una, que obtuvo del cielo un hijo, hijo precioso, que era su hechizo, su encanto, su sostén, su gloria; y tuvo la dicha de vivir 4 su lado al- gunos afios, siendo aclamada dichosa por cuantos la veian; hijo que espiré cuando ménos se esperaba, llevando al sepulcro el corazon, las esperanzas y la ventura de la que le dié el sér. ; Hablad, pues, por mi, noble matrona, por- que la elocuencia del corazon es mas sublime y convin- cente que la de la avida razon; habla, y dinos lo que pasa en ese tuamante corazon; dinos, gdénde lo tienes? «j Ay! En mi Hijo, la oigo decir; nadie sino yo conocia aquella bondad de que el cielo lo dotara; sola yo comprendia sus perfecciones; sola yo tenia idea exacta de lo que EI valia, porque habiamos casi cambiado nuestros corazones; fl tenia el mio; yo tenia el suyo; pero murié, y en vano derramo mi vista en los objetos que me rodean, porque mi corazon esta con el de mi Hijo en el sepulcro.)» ; Ah! Esta respuesta es de esa Madre desdichada que tanto ha llorado en su soledad. Maria sola comprende su pérdida, porque sola ella tiene un conocimiento exacto de lo que era su Hijo preécioso. No pudiendo hallar consuelo en los objetos terrenos, lleva sus miradas al sepulcro, y las fija en Elpara con- templar al objeto que encierra. ; Ah! dice: ges posible que’ quepas tu en el corto espacio de una hoya, mi amado Je- sus? ,No’eres Tu el resplandor de la gloria del Padre y la figura de su sustancia, y el que lleva sobre si todas las cosas con la palabra de su virtud? 4No eres el Criador y eT

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