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origen. ;Qué prodigio, amados mios! Excepto Maria, todo lo que hay en ella és infinito; infinita es su dignidad, infinita su maternidad, infinito su amor hacia Jesus, in- finitos sus dolores, infinitas sus penas, porque la causa que los produce es infinita. Su soledad y desamparo, 4seran acaso infinilos? Si, amados mios, porque tambien traen su origen de un principio infinito. Mirese como’se quiera la posicion de Maria despues de enterrado su Hijo, y se echara de ver que todo cons- pira 4 trastornar su corazon y llenarlo de amarga sole- dad. Ora recuerdé las caricias de su Hijo en sus primeros afios, ora su gracia y hermosura en la nifiez, 6 bien su bondad y clemencia en los ultimos tiempos de su vida, todo desaparece ante la triste idea de haberlo perdido y de estar en el sepulcro. Esta tétrica morada es el punto donde residen todos los pensamientos de Maria; enaje- nada de todo cuanto hay en la tierra, absorta en la mds profunda meditacion de las grandezas de su Amado, lo quiere considerar en los mas bellos momentos de su vida, ya dando consuelo 4 los tristes , ya mandando 4 los elementos , ya confutando 4 los protervos, y no le es po= sible continuar; cual avecilla inocente herida en una de sus alas, que en vano intenta subir 4 las nubes, Maria quiere volar 4 lo sublime de su Hijo, y siempre cae en lo infimo, en las humillaciones,en la muerte que ha su- frido y en la losa que lo cubre. Alli estan encerradas todas las esperanzas de Maria, porque alli esta tambien encerrado todo un Dios. ; Tanto es el extremo de humil- dad del Sér divino! ; Tanta la fuerza del amor hacia nos= otros, que lo llevé al Calvario, 4 la muerte y 4 la tumba! Si; Dios esté entre las sombras dela muerte; esta sola _proposicion nos debiera arrancar las mas amargas lagri- mas, si la considerasemos con la atencion debida. j Dios muerto! ; Dios entre cuatro losas de marmol! ; Dios ten- dido entre los difuntos! ; Dios recibiendo honores fine-

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