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2 ea pleto que se tiene al objeto que nos cautiva. ;Ah, mis — amados! ,comprendeis este lenguaje ? Estos cuatro predi- camentos del amor, la nobleza, la pureza, el desinterés'y la totalidad de afecciones hacia un objeto , ¢1o0 habeis po seido alguna vez? No; porque hay en Jas acciones del hombre un.gérmen de mezquindad, que le hace obrar por su propio interés y empaiia algun tanto su nobleza; hay tambien la mutabilidad, que lo hacé inconstante; amamos 4 Dios en este mundo, y muy pocas veces fijamos nuestra vista en sus infinitas grandezas,y muchas son las que nos ocupamos de los premios que nos ha de dar; amamos tambien 4 las criaturas, porque encontramos en ellas la satisfaccion de nuestros ideales, y no podemos perseve= rar largo tiempo en estas mismas afecciones que tanto nos apasionan y arrebatan, porque aparecen otras que tie- nen mas dotes y hermosuras , y despues de haber consa- grado nuestro corazon al primer objeto , destruimos cuan~ to hemos edificado, y alzamos un ara’ al xiltimo que ha cautivado nuestro espiriiu. gNo es este, amados mios , el estado normal del corazon humano? Excepto algunas al- mas nobles y sublimes por sus sentimientos, son muy pocas las que no dicen com David « que inclinan su cora- zon & hacer las justificaciones del Seiior porla esperanza de la retribucion.»y Y en.cuanto & los que se dedican & amar las cosas de la tierra, claro esta que no tienen fije- _za en sus deseos, porque provienen éstos de: las pasiones de un corazon corrompido.'En éstos , desde luégo, el co- razon no tiene verdadera vida moral, porque la podre y - el fango no pueden animar al que por su destitio pertene- ce 4 lo espiritual; en aquellos,aunque el principio es no- ble.y sublime, les falta la omnimoda generosidad' y el total desinterés' y el absoluto. conocimiento del objeto amado} tiénen ya iniciada la vida dichosa, la vida moral del corazon; = noes posible on ésta’ sea tee en este mundo. 1!) ' (Wor ionie Hs [4 conse

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