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sin comprender al momento que la vida animal es lo que _ ménos importa en él, pues sdlo la moral es lo que lo cons- _ tituye en la verdadera region de la felicidad 6 de la des- ventura, lo que exprime la espiritualidad de su sér, lo que le distingue, por fin, esencialmente de los animales irracionales, incapaces de pensar nideelegir. j; Ah! Estoy demasiado prolijo en explicar una teoria que vemos realizada en nuestro propio corazon. Voy con paso algo lento, cuando todos cuantos me oyen estan ansiosos por obtener la solucion de dos preguntas que naturalmente se desprenden de este antecedente. Supues- to, me decis; supuesto que la vida moral del corazon hu- mano se alimenta de los objetos que ama, gcudl es el ob- jeto que hace dichoso el corazon de una madre? El hijo. Y si este hijo amado, en quien el corazon materno tenia todas sus complacencias, si este hijo muere, g podra vi- vir el corazon de la madre? ; Ah! Tendra la vida animal; pero, como la frondosa planta violentamente cortada por la guadafia, caera en la mas completa inanicion; el cora- zon quedara vivo, mas sin jugo, sin frondosidad , sin fe- _ licidad, sin la verdadera vida moral; existira como agen- te fisico en el cuerpo humano, dando latidos dentro del pecho, que lo defiende ; mas como agente moral no vivi- ra sino donde habita su objeto amado; vivird en la lo- breguez del sepulcro y entre los horrores de la muerte. ; Ay! Apenas podré continuar la ilacion de mi discur- so sin humedecer mis mejillas con lagrimas de dolor. Tengo 4 mi vista esa triste Madre , que no vivia sino en su Hijo y para su Hijo; era tanta la intimidad que unia ambos corazones, que casi no se distinguian sino es por ser el uno corazon de criador y el otro de criatura; mas los identificaba la filiacion y la maternidad ; desde que le fué concedido & Maria el inefable placer de abrazar 4 su tierno Nifio en la gruta de Belen, hasta que lo encerré en el sepulcro, ni hubo ni pudo haber entre estos cora-.
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