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se 5 No es esto, amados mios, una paradoja; Dios, que es esencialmente la vida, ha sido victima de la muerte; llegé el tiempo de morir, y no pudo ménos de sucumbir al destino que £1 mismo se prefijara. Al decir esto, no pienso tanto en el Dios que muere, ~como en la Madre que le ha dado la vida que acaba de perder. j;Ah, y cuanto ha podido el tiempo sobre esta Mujer desafortunada! ;CGomo ha arruinado todas sus es- peranzas! ;Cémo la ha reducido 4 la mas deplorable or- fandad! Dias felices pasaron por esa criatura, y no eran mas que la escala por donde descendia 4 la arena en que el tiempo la aguardaba, para no presentarla sino amar- gura, en cambio de sus gozos celestiales; para no darla sino dolor y afliccion, en lugar de su dicha; para darla - soledad y desamparo, en vez de la dulce compaiiia de su Hijo, que ya no existe. Llegé el momento fatal, en que ha desaparecido aquel corazon magnanimo que sabia _ estar inmoévil al frente de mil enemigos; el tiempo lo ha aniquilado; la desgraciada Madre ha podido seguir al Hijo moribundo hasta el lugar del suplicio, ha tenido valor para estar 4 su lado, ha sido bastante valerosa para lle- varlo al sepulcro; mas llegé el momento de rendir la palma al tiempo destructor; se han concluido todas las esperanzas, se ha cerrado la puerta 4 todo consuelo, por- que el corazon de Maria ha sido trastornado al contem— plar 4 su Hijo querido en la tumba: Sudversum est cor meum, etc. Acabo de manifestaros la idea mas higubre que tuvo el espiritu de Maria; la muerte y sepultura de su amado Hijo, fueron el complemento de su afliccion; perseguido, calumniado, maltratado, herido, crucificado, Jesus exis- te; y mientras él exista, hay un destello de luz para el corazon de Maria; mas habiendo muerto, se apagé esta débil rafaga que la ilumina. ;Cuanto mas habré crecido Ja consternacion en el corazon de la Madre, al contem-
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