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Besa: bh ee eee ee ne ee ee, “ < eR % 275 : reinar en nuestros corazones el espfritu de Jesucristo, si nuestras sustancias alimenticias son el orgullo, la am- bicion, la codicia y las demas pasiones propias del hom= bre animal? ; Ah, catélicos! Lloremos la ceguedad de los hombres y acerquémonos al monte que humea con los vapores de la sangre divina en que esta empapado. Contemple- mos esa Victima que une en muiluo vinculo de amor al cieloy la tierra; que abre las puertas de aquel y destru- ye las espinas de ésta, convirtiéndola en paraiso terres- tre, en que habiten la santidad, el amor casto y la justi- cia. Jesus ha espirado, y su sangre ha salpicado los ves- tidos de su santa Madre, que estd en pié junto 4 la Cruz. Pregitntemos a aquélla por qué tiene su ropaje teiido con este precioso licor, y nos contestara, mejor que Sé- fora, que su Hijo es un Esposo de sangre, y que nosotros somos los hijos que ella ha engendrado, entre los mds -acerbos dolores, en la cima del Calvario. Sponsus sangui- num tu es mihi. Oidla: la sangre, dice, esta derramada sobre mi tiinica, y he manchado con ella todos mis vestidos. No basté para satisfacer el corazon de mi Hijo que cayese aquella gota 4 gota en la circuncision; no le satisfizo tampoco el que en los azotes inhumanos saliese 4 borbotones; tam poco quedé contento con que cuatro torrentes brotasen de sus manos y piés, sino que, aun despues de haber espirado, atin ha- bia dispuesto que una lanza cruel abriese su costado y traspasase su corazon, para que no quedase en él ni una sola gota. Sponsus sanguinum tu es mihi. jOh Hijo mio! j; Pues qué! ,Tanto valen los hombres? gTanto los amas? 4Era preciso para su rescate que tu inocente cuerpo fue- se despedazado con tanta inhumanidad? ;Ay! ;Cuanto dolor me cuesta el ser tu Madre y la suya! Pero yo me conformo con tus designios; con tal que los hombres te amen, con tal que te agradezcan tu sacrificio, con tal
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