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. 274 23 ios y sefiores de toda la naturaleza terrestre. Pero ;vivi- ra nuestra alma con aquella vitalidad que la hace hija de Dios y su perfecto retrato? Eso no; eso esta reservado para aquellos que tienen el espiritu vivificador de Je- sucristo; que no nacen de carne y sangre, sino de Dios: que creen 4 su nombre y palabras, que llevan la mortifi- cacion de Cristo en sus cuerpos, que viven desprendidos de las cosas mundanas, que aunque abunden en tesoros no esperan en ellos, y que viven en la tierra abrasados en afectos hacia el cielo. — Esta es la vida de los hijos de Dios; entre tanto, aquién que piense con detencion en el espiritu que hoy dia anima al mundo, no prorumpira en lamentos de do- lor? 4Quién se internara en las naciones catdélicas & exa- minar lo que son, sin exclamar inmediatamente, con el profeta Jeremias, que la tierra esta llena de desolacion, porque no hay quien medite las maravillas del amor de Dios 4 los hombres? Las naciones han ido émancipando- se poco 4 poco del espiritu del Evangelio, y han rasgado. Ja tinica inconsutil del dogma y la moral, no adoptando de aquél mas que lo que contribuye 4 constituir la so- ciedad y mantiene 4 los hombres en sujecion, despre- ciando lo bello y sublime del Cédigo sagrado, que es la {6 con las obras, la obediencia a los preceptos de la Iglesia, y el respeto 4 las tradiciones antiguas. No se levantan los ojos hacia el cielo sino para mirar de paso al Dios, que no se digna nombrar sino Sér Supremo, para no darle mas atribuciones que las que corresponden 4 la gradacion categérica de medio 6 infimo, y hacerlo un poco mayor que nosotros; no se quiere fijar la vista en el Sér Infinito que nos crié de la nada, y mucho ménos en el Dios que se humilla en la Encarnacion, que se abate en sus padecimientos, y se anonada en la Cruz. 4Cémo quereis que la humanidad tenga vida intelectual, si no se alimenta mas que de materia? 4Gémo ha de
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