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270 a ; Esta completa semejanza la vemos retratada en Ma- ria; y noes esto lo mas admirable, sino que por una f trasmision de afectos de Dios 4 Maria, y de Maria a Dios, el alma de esta Virgen, no sdlo recibe en su seno las aflicciones y amarguras que se fraguan en nuestro espi- o ritu como en su propio laboratorio, mas tambien percibe, con toda la sensibilidad del paciente, cuanto el Dios hu- manado recibe en su cuerpo desde que acepta el dsculo, “que es la consigna de su Pasion, hasta que la lanza abre ya su pecho, legalizando Ja veracidad de su muerte. Mirad cémo se lanzan sobre Jesus sus enemigos encarnizados, ’-_ e6mo lo arrojan al suelo, cémo lo pisotean, cémo ponen - Jas inmundas plantas sobre su venerando cuello; mirad Bits cémo lo rodean de cadenas, cémo lo arrastran, cémo lo ee escupen, cémo lo abofetean. Pues sabed | que niun solo golpe le dan que no se reproduzca en el alma de Maria. Cinco mil azotes, innumerables bofetadas, punzantes _ : espinas , duros martillos, clavos inhumanos, hiel acer- ba y lanzada cruel, todo lo recibe el sagrado cuerpo de Jesus, y todo va 4 recaer en el alma de Maria. Como el enemigo ciego de furor cae con’ puiial en mano sobre aquel cuyo exterminio ha maquinado largo tiempo, y no se contenta con tefiir el acero una vez en el corazon de la victima, sino que lo saca humeante, y lo vuelve a en— terrar mil y mil veces, con mas celeridad que dos ner- — vudos brazos descargan sus martillos sobre el hierro a candente, asi entra y sale sin cesar-la enpeeh; del dolor en el alma de Maria. Al contemplar tamaiio es peatioalés al ver & Maria re junto 4 Jesus en el lugar del suplicio, yo noaciertof\ = | discernir los dos objetos, el paciente por amor del Hom- 7 bre, 6 la paciente por amor del Hijo. Veo en las dos vic- timas un nico corazon, y casi veo un mismo Redentor 4 ; moral, expiando los pecados del mundo; ¥ todo es in- comprensible en estas dos victimas; en Jesus por ser a

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