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todas las persecuciones que sufrié Jesucristo afligiesen - jgualmente el corazon. del Hijo y el de la Madre, porque todo es la consecuencia inmediata de la maternidad divi- na. El ultimo extremo de la vida del Salvador son los de- nuestos por parte de sus enemigos, las infidelidades en sus discipulos, los sarcasmos, las afrentas y la condena- cion 4 muerte; y era preciso que siendo natural a la luz el iluminar los objetos y reflejar en ellos, y no habiendo en toda la creacion un solo corazon en cuyo seno pudie- ra recibirse esta inmensa luz de la caridad divina sino el corazon de Maria, fuese 4 encontrarse en él, como se encuentran en la concavidad de un cristal las madejas © de rayos que el sol despide. Todo esto es grande y maravilloso, y nos revela cudn- to entrafia en las almas un amor santo correspondido con fidelidad , descubriéndonos al propio tiempo las misterio- sas relaciones que existen entre el Espiritu increado y los que hemos salido de sus manos. Como somos el tra- sunto perfecto de Dios en el érden de la espiritualidad, la tendencia natural y moral de nuestra naturaleza hu- biera debido ser el reproducir en nuestras ideas y accio- nes una completa asimilacion con el Sér infinito cuya imagen llevamos grabada en nosotros mismos. No impor- ta que sobreviniese el pecado, porque, en expresion del divino Pablo, «donde abundé el delito, sobreabundé la gracia, y si por un hombre entré en el mundo la muerte, por otro hallé entrada la vida.» Es algo mas dificil la asecucion de nuestra vilalidad espiritual, por haber ad- quirido por el pecado-otra tendencia al mal, contraria 4 la primera; pero no es imposible, porque el bien por su_ naturaleza es amable, asi como el mal es por su natura- leza abominable y odiable, y el amor de Jesus nos previe- he, nos acompafia, viene en pds de nosotros, y, en una palabra, nos asedia para que nos rindamos 4 él: Chari- tas Christi urget nos.
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