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el mismo Verbo divino, en quien ejercerd todos los dere- . chos naturales anejos ala maternidad, Maria, en el mo- mento de ser Madre, Hija y Esposa de Dios, se anonada © -_y desciende hasta el polvo vilde la ultima de las condi- ciones sociales. Es Madre, es Virgen, es Reina, es Se- flora, es Duefia del mundo, y sin embargo ella no sabe sino que es esclava del Seiior. Lece ancilla Domini. Cuanto rodea 4 Maria conspira a ensalzarla; Ella sabe que su alma no ha incurrido jamds nien una mancha levisima; Ella sabe que tiene un Hijo que ha de ser gran- de é Efe del Altisimo; que: este Niiio es el que los Pa- triarcas y Profetas saludaron y entrevieron llamandolo Admirable, Dios fuerte, Padre del siglo venidero, y Principe de la paz. Si preguntais 4 los angeles qué es lo que hacen al cumplirse la embajada de Gabriel, os dirdn . ‘ que todos se postran ante Maria y laadoran; si observais lo que sucede 4 los malos espiritus en aquel instante soberano, los vereis que tiemblan , que huyen, y se preci- pitan en el fondo del abismo por no poder sufrir la presen- cia de esta Virgen; sin embargo, Ella habla con su Dios, y no se da otro epiteto que el denigrante, el humillador de esclava: Zcce ancilla Domini. Examinando esta materia el devotisimo San Bernardo, y viendo de cuan sublimes prerogativas se ve rodeada la que se llama esclava pre- - cisamente cuando la consagra el cielo para su Reina, y Dios la hace su Madre, pregunta 4 Maria: «De dénde la viene la humildad, y una humildad tan extraordinaria?» Unde tibi humilitas, et tanta humilitas, 0 Beata! La respuesta es facil, amados i Maria se ha pro- puesto retratar en su alma las virtudes de que nos da ejemplo divino el Verbo humanado, y al aparecer Este humilde y abyecto en medio de los eternos resplandores de’su grandeza increada, su Madre se deja ver iluminada con el reflejo de esta misma luz, que ha de brillar mas y mds en los abatimientos. Yo no me admiro ya de que
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