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oe f D . « Hak» 4 rt a. RR : esclavitud ; Tu me has dado el signo de todo siervo, con- dendndome 4 la fatiga y al dolor, y yo no rehuso lle- var la marca de pecador.» La humillacion, como veis, es sublime, infinita, y para nosotros incomprensible. Pero zhabeis observado alguna vez la instantaneidad con que un objeto se reproduce en su semejanza cuando se presenta ante un cristal? ¢Ha- beis observado cémo, al mirar nosotros al estanque cris- talino de aguas mansas y purisimas, vemos la identidad de nuestros rostros, y si nos reimos se rie, si lloramos llora, y si nos retiramos se retira? Pues con mas perfec-. cion reflejé en el alma de Maria la humillacion del Verbo divino. Y es ésta humillacion de Maria tan grandey tan sobrenatural, que llega 4 tocar los limites de lo infinito en su inthis y atin resalta en cierto modo — a las humillaciones de Dios. Todo lo que nosotros llamamos sobrenatural es en Dios natural é innato; la virtud es natural en Dios, por- que es Santo por esencia; lo es tambien la humildad, por- que sdélo El es esencialmente grande; si Dios recibe humillaciones en su encarnacion, es porque desciende, porque se anonada, porque, como dice el divino Pablo, se somete 4 morir. Pero jqué prodigio de humildad se des- cubre en Maria! Ella pasa del rango comun de las mu- jeres 4 uno que no pudiera ni aun objetarse 4 los enten- dimientos angélicos; Ella es consagrada por la celestial uncion del Espiritu Santo, como Reina de los. serafines, Emperatriz de los cielos; y Sefiora de los abismos; Ella, en una palabra, es sublimada 4 la region de lo inmenso é infinito , concibiendo en sus purisimas entrafias al Hijo de Dios; y sin embargo, gravitando sobre sus hombros la inmensurable balumba de toda Ja gloria que es innata a la Divinida-d; decorando su frente la diadema de honor y dignidad deificadora; colocdndose en su mano el cetro de dominacion, no sdlo sobre los angeles , sino tambien sobre ‘ya

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