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decir hablando con Maria: «Tt vistes 4 Dios y El te viste © & ti; ti le das la tinica de la humanidad, y £1 te reviste con el manto de su divinidad.» (Serm. super epee mag- num apparuit in celo.) Todos sabemos cual es el objeto de la encarnacion del Verbo divino; el fin inmediato es redimir al mundo; los medios para conseguirlo son los padecimientos. En el alma purisima de Jesucristo no hay mas que una idea, la de las humillaciones, ni tampoco hay distancia entre Nazarety el Gdlgota; todo esta encerrado en un solo pensamiento 6 incluido en un mismo periodo, pues la Pasion no es. otra cosa que la encarnacion continuada hasta la consumacion. Si hay entendimiento humano que pueda apreciar en su justo valor las humillaciones de un Dios que desciende desde su trono de glorid hasta el fanga] de nuestra miseria; si hay algun espiritu con _ capacidad para avalorar lo que es un Dios atraillado como un vil esclavo, despedazado como un cordero, clava= doen un madero como un asesino, y escarnecido en el patibulo como si fuera un traidor infame que con sarcas- tico cinismo se ha burlado-delas leyes y de la sociedad, habra tambien quien pueda comprender lo que es Maria desde que empieza 4 ser Madre, permaneciendo siempre Virgen. ;Oh misterio augusto é inefable el de la maternidad divina! Si algo podemos comprender de él, es la corte= za que lo encubre, sin que nos sea dado internarnos en. lo sublime de sus resultados. Pero lo que advertimos al estudiar la vida de Maria, es que ella copia tan exacta- mente en su alma el tipo de la Divinidad, que si no supié- ramos porla fé y la razon que la naturaleza divina es incomunicable 4 las criaturas, no podriamos casi discer- nir & Dios de Maria, 64 Maria de Dios. Dios, en el momen- to de bajar del cielo 4 la tierra, se humilla hasta un grado infinito; Dios, para redimir al hombre, padece y sufre ¥

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