BCCPAM000591-3-11000000000000

intensidad; en la creacion no hay mas que dos lineas esencialmente reclas: la que forma nuestra pupila al contemplar un objeto, y la que forma tambien el rayo de _luz que sale de los cuerpos que la tienen propia. Cuando nos vemos en presencia de un sér que amamos, nuestra vista lo sigue en todos sus movimientos; si se levanta, nos levantamos ; si desciende , descendemos; si se oblicua, si se vuelve, nosotros tambien le imitamos; nuestra pu- pila es una saeta despedida por brazo nervudo y certero, que va rectamente al sitio que se propone. Si por un ins- tante se interpone algun valladar, nuestro corazon se oprime y se llena de dolor, y no se consuela hasta que aquél desaparece, y enténces con nuevo ahinco contem- plamos lo que deseamos, y la linea recta que despedimos de nuestra potencia visiva se identifica y no forma mas que una con la que nos devuelve amoroso. el corazon que nos afecciona. ;Contemplad, pues, cuanto mas intensa, cudnto mas recta, cuanto mas pura, cuanto mas trasfor- madora sera la mirada que proyectamos hacia el Sér di- vino, y qué efectos tan asombrosos no debe causar en la pupila de nuestras almas la reversibilidad con que nos -premia un Dios que es todo amor. De ahi es que cuando Dios, que es un inmenso foco de luz increada, quiso unirse 4 la humanidad, tom6 4 Maria en sus manos, como el aguila a sus polluelos, para — que contemplase de hito en hito su refulgente rostro, y viendo que esta purisima criatura lo miraba- sin pesta=_ fiear, la escogié para hija suya, para madre y esposa. De abies que al llegar el tiempo en que la Divinidad , com- padecida de la humanidad, ordené la realizacion de sus ‘designios, se trasladé toda entera al seno virginal de Maria; y por un efecto inherente 4 la naturaleza de las cosas, Maria tambien se deificé en cierto modo, dando 4 Dios fisica y materialmente lo que él no tenia sino emi- nentemente, lo que hace exclamar al devoto Bernardo, y

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz