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tal sera la vida de su espiritu, cual sea el tipo que se pro- - ponga imitar, y el resultado de esta imitacion tiene que ser infalible. Si el tipo es la verdad, la justicia y el amor de lo bello y sublime, la vida del espiritu sera noble y pura, y germinara gracia y honor imperecedero; si el tipo es la mentira y el error, la copia sera tambien con- ‘secuente al original, marasmo para el bien, defeccion para el amor, y ruina eterna. Por eso San Pablo, tan justo apreciador de la vida del alma, instaba para que los fieles imitasen al Sér divino; porque en la asimilacion con él consistia precisamente la adquisicion de la glorio- sa inmortalidad : Jmitatores Dei estote sicut filii charissimi et ambulate in dilectione, sicut Christus dilexit nos. Todos respiramos en el ambiente que alimenta estas dos vidas, y Maria no tuvo excepcion en ellas, siguiendo la ley universal que presidié 4 su creacion; con la wnica y exclusiva ventaja de no haber aspirado jamas un solo aliento que no estuviera embalsamado con el aroma de la pureza, y de no haber conocido tampoco la atmésfera deletérea donde el genio del mal ha vomitado los demas nubarrones de la culpa, que inficiona 4 cuantos ponen _ el pié en su primer limite. Marfa en su vitalidad espiri- tual es la copia exacta de la divinidad, y semejante 4 la luna, que esta siempre mirando al astro luminoso, para trasladar4 su ‘argentina faz los resplandores que son innatos al primero. Maria, desde el momento de su exis- tencia, fijé.su penetrante mirada en el sér divino, para que éste se delinease en sus pupilas, tal como El es, pu- risimo, santisimo é inmaculabilisimo por esencia. 4Cual tenia que ser el resultado de esta intuicion moral del alma de Maria hdcia el Sér infinito? Que Maria habia de adquirir para si un ciimulo de virtudes casi inmenso ; que desde el primer instante de su vida habia de ser toda de Dios, y Dios todo de ella. Registremos por un momento lo que acaece dos objetos que se aman con * 3 ‘oii

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