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_ preguntar con admiracion: «&Quién es ese que viene de Edon y de Bosra con las vestiduras teflidas? jEse tan gallardo en su vestir y en cuyo majestuoso andar se des- cubre su mucha fortaleza?—Yo soy, le responde, el que predicé la justicia, y soy el protector que da la salud 4 los hombres.—j Pues por qué esta ‘rojo tu vestido, y esta tu ropa como la de los que pisan las uvas en el lagar? —E] lagar lo he pisado yosolo, sin que nadie de entre las gentes haya estado conmigo. Pisé a los enemigos en mi furor, y los reholléen mi ira, y su sangre salpicé mi ves- tido y manché toda mi ropa. Porque hé aqui el dia fijado en mi corazon para tomar venganza; es llegado el tiempo de redimir 4 los mios.» Estas palabras no necesitan de comentarios. El mismo Redentor nos dice el motivo por qué se halla empapado en sangre; ha tenido que apagar con ella el lagar de la ira de Dios; ha debido c onculcar & sus enemigos; ha debido redimir 4 los suyos; ha debido derramarla para obtener remision al mundo criminal, que se perdia, no existiendo este precio: H¢ sine sanguinis effussione, etc. 4Reconoceis, pues, catdlicos, « esa sangre que corre en el pretorio, y tite la columna, el pavimento, los latigos - y los sayones? ,No advertis alguna sefal de divinidad en €sa sangre que enrojece las espinas, las sogas, los martillos.y los clavos, y que como un rio sale del cuer- — po descoyuntado de Jesus?; Ah! Es la sangre de un Dios; ni una sola gota ha sido derramada ‘sin que estuviese unida 4 la persona divina. La ha derramado toda por nuestro rescate; ¢qué digo? somos nosotros los que con nuestros pecados se la hemos hecho verter en medio de los mayores tormentos. Al reconocerlo, no nos mostre- mos insensibles; pidamos al cielo el corazon amoroso de los serafines, y la lengua de los angeles para correspon- der 4 un amor tan acendrado, y para entonar sin cesar himnos de alabanza y de bendicion al Cordero sin man—

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