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$2 | 247 pasion gloria ni majestad, pues se ve cubierto de ig- nominia, lleva su frente cefiida con la aureola dela ino= cencia, su rostro cubierto con los colores del pudor y de la modestia, resaltando por todas partes la humildad y su paciencia. Esto llena de temor y de reverencia al presi- dente que lo mira, puesto al frente de Jesus. £1 es el Juez, Pilatos el reo; jay! si éste no hubiera sido cobar- de, pocos hombres hubieran sido tan grandes como él, porque hubiera tenido el lauro de haber sido el abogado de Dios, entregado al tribunal de las pasiones.. Pero de- jemos lo que hubiera podido hacer este romano cobarde, y examinemos lo que hablé con Jesus, para que aparez- ca que al fin no did contra él la sentencia sino porque era rey de los judios, es decir, ee Mesias, Hijo de Dios. En ninguna de las acusaciones que adujeran los ene- migos contra Jesus temblé el presidente sino cuando oy6 que Jesus se hacia Hijo de Dios; y habiendo despre- ciado todas las otras, sdlo ésta fué tomada en considera- cion. Ya de antemano habia oido decir al mismo Jesus que era Rey, y que habia nacido con esta dignidad, te= niendo4 su cargo el dar testimonio de la verdad; y qued6 tan persuadido el presidente de la dignidad régia del acu- sado , que le impuso en el mismo suplicio el titulo de su imperio sobre la Judea. De dénde venga a Jesus esta no= ble prerogativa, hé aqui lo que tortura el animo del juez; al oir decir que Jesus es Dios, no puede permanecer en inaccion. 4De donde eres tu? dice 4 Jesus. ,Cual es tu procedencia? gCual tu naturaleza? gCual tu origen? ; Ah, amados mios! Preciso es aqui compadecernos de la ini- quidad y ceguedad de este juez. El mismo Jesus le acaba de decir que su reino no es de tal naturaleza que pueda acarrear perturbaciones y temores 4 los Reyes del mun- do; ; que El viene 4 reinar pacificamente en los corazones, y que todo el que quiera oir la voz que le habla en aquel bod
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